La idea era llegar a Mount Rushmore a buena hora, pero por alguna razón la hora no fue tan buena. En realidad estaba más lejos de lo que pensamos y viajar con vientos de más de 50 millas por hora empujando el coche todo el camino hace que el viaje sea un poco más lento. En realidad Wyoming, o por lo menos la parte por la que pasamos, es tremendamente aburrido. Aún así yo estaba fascinada con el paisaje y con el hecho de que a lo largo de los altiplanos te encuentras ranchos rodeados de nada. Pasamos por pueblos cuya población variaba de dos mil a cinco mil habitantes, sólo que nos preguntamos más de una vez dónde estaban esos cinco mil habitantes, porque es físicamente imposible que todos se encuentren en el único granero que se llegaba a ver desde la carretera. Hubo otro dato muy interesante en el tramo de Wyoming: un señalamiento que indicaba que había una mesa al lado de la carretera, y por supuesto unos metros más adelante ahí estaba la mesa al lado de la carretera. No me pude detener para documentarlo con fotos porque reaccioné tarde, pero fue la única mesa al lado de la carretera que he visto en todo el camino. Al cruzar la frontera con Dakota del Sur el paisaje empezó a cambiar un poco, de la nada aparecieron árboles y nos adentramos en el Bosque Nacional Black Hills. Como a las tres de la tarde moríamos de hambre, pero si nos deteníamos a comer no íbamos a poder a ver las esculturas de los presidentes con la luz del día, así que paramos en un restaurant de comida rápida a comprar unos sandwiches y seguimos (igual no había ninguna otra opción en el único pueblo antes del monumento). Llegamos a Mount Rushmore a aproximadamente cuarto para las cuatro. Estaba totalmente vacío, tanto que nos preguntamos si estaba abierto cuando nos encontramos un letrero que decía "sí, está abierto". Yo no había visto muchas imágenes de este monumento, pero quedé fascinada. Valió toda la pena desviarnos un poco para visitarlo. Hacía muchísimo frío, así que tomamos unas fotos y entramos al museo. Es de las cosas más interesantes que he visto en mi vida. Salimos y seguimos camino hasta llegar a Mitchell, Dakota del Sur.
Aceptando el hecho de que temprano ya no vamos a lograr salir, nos tomamos el tiempo y sólo nos aseguramos de no pasarnos de la hora para dejar el cuarto. Ayer todo el camino fue de carretera, cruzando tres estados, sin mayores eventos. Excepto por dos. Nos tocó ver salir la luna llena desde el horizonte, con toda su inmensidad y luz, de un naranja hermoso. Había partes de la carretera mientras salía que parecía que el camino llevaba hasta ella. De los espectáculos más hermosos que me ha tocado ver. Una vez más, la luna ha sido nuestra fiel compañera en este viaje. Y el otro es que logramos cenar con un buen amigo en Madison, Wisconsin. Después de pasar tanto tiempo en la carretera, da una inmensa alegría encontrarte con gente querida para pasar un buen rato y disfrutar de una buena cena. No deja de impresionarme que podamos coincidir así.








"En realidad Wyoming, o por lo menos la parte por la que pasamos, es tremendamente aburrido. Aún así yo estaba fascinada con el paisaje y con el hecho de que a lo largo de los altiplanos te encuentras ranchos rodeados de nada."
ReplyDeleteThis is a fascinating contradiction: that which seems boring, after a time of finding Zen and falling into a relaxed hallucinatory daze, becomes entrancing. There's nothing like a road trip through the American West. It can be quite therapeutic!
Of course! But it is also all a matter of "being amazed by the tiniest and simplest things". And I can say that that is my case =)
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