This is a pretty long process; actually it doesn't end until my life comes to an end; everything in between are just parts, stages, whatever you want to call it. But this part of the process has several mini parts. The first part of this was to pack my "few" things and drive across the country to get to my first destination. This is the second time that I make a trip like this and I never stop learning. I actually think that this is a great exercise. If you ever have the opportunity to do something like this, you should definitely do it. I know from experience that it is not easy, but trying to live part of your life story in a different place is refreshing. Besides you are forced to learn and grow.
I thought that since the next mini part is very different to what I have already done, I could write a last blog from the road with the lessons learned. I hope you enjoy it and that it is somehow useful.
First of all, it doesn't matter if you think that you are ready to leave. There is always something else to do, and sometimes you need to let it go. I am almost convinced that you will always have to let something go. Second, it doesn't matter if you think that you got rid of everything you could and if you think that you are great at packing: there will always be more things to get rid of and a thousand tries to pack. Third, it makes it a lot easier to not have a plan. I know that this is not always possible: there are time restrictions, budget restrictions...weather, but everything is always subject to change. I am not stubborn (at all...) so I insisted to go to Yellowstone in this trip. I have been wanting to go for a long time and that was the plan since we left, but it didn't happen. Even one day before we were supposed to go we were trying to find the way to do it. But it didn't happen. The worst time of the year to want to go. Well of course we could have, there are always ways, but we didn't have the money. So the route changed as well as the stops along the way. (I think I am going to stop counting lessons learned now. I have several random conclusions and I am just mentioning them as they occur to me. So I don't think it is necessary to keep track of how many I have so far.) On the other hand, nowadays it is really hard to discover or experience the true essence of towns a long the way. We tried, more than once, to find a local restaurant to have breakfast, lunch or dinner. It just keeps getting harder and harder. Everything you find is chain restaurants that we all know. More than once we tried to get out of the route to try to find something else and ended up in subway because we couldn't find anything or because it was closed. It is very sad. An important piece of information is that a trip like this can last an eternity: you will always learn about a place you didn't know and of course, you are dying to go once you learn about it. It is hard to let them go, but as I mentioned in another post, the longest the trip is the harder it is to continue. You get more tired and you don't enjoy as much.
I learned something interesting (I'm from Mexico City where weather doesn't really change that much). Temperatures below zero in a sunny day in the desert are delightful and temperatures in the teens in a humid and windy place make you freeze. Lesson: don't ever underestimate the thermometer and always be prepared for anything.
I don't want to make this post really long. The last thing I want to mention is that the person , or persons, who go on the trip with you is everything. I am deeply thankful for having such a wonderful person with me on this trip, especially for putting up with me, because I'mççç not that easy.
What comes around, goes around
Thursday, December 26, 2013
El primer tramo ha llegado a su fin
Este es un proceso bastante largo; en realidad el proceso no termina hasta que se me acabe la vida, todo en el inter sólo son etapas, tramos o como le quieran llamar. Pero esta etapa del proceso tiene varias mini etapas. La primera era empacar mis "pocas" pertenencias y manejar a lo largo del país para llegar al primer destino. Es la segunda vez que hago un viaje así y no dejo de aprender. En realidad creo que es un ejercicio excelente, y si alguna vez tienen la oportunidad de hacerlo, se los recomiendo enormemente. Sé muy bien que no es fácil, pero intentar hacer un poco de tu historia en un lugar distinto es refrescante; además el proceso te obliga a aprender y a crecer.
Se me ocurrió que como lo que sigue en el proceso es muy distinto al camino ya recorrido, podría escribir un último blog del camino con las moralejas de la carretera. Espero las disfruten y les sirvan en algún momento.
Primero que nada no importa cuán listo cree estar uno para salir, siempre salen improvistos en el último momento, y a veces no queda más que decir "ni modo". De hecho estoy casi segura que siempre habrá que decirlo. Segundo, no importa si creemos que somos buenísimos empacando y que ya nos deshicimos de todo lo innecesario: siempre va a haber más cosas que tirar y mil intentos para reorganizar. Tercero, facilita mucho las cosas no tener un plan. Sé que no siempre se puede, hay restricciones de tiempo, de presupuesto...climatológicas, pero todo está sujeto a cambios. Yo, que no soy necia, insistía en ir a Yellowstone en este viaje. Me muero de ganas de ir y desde que salimos ese era el plan, pero no sucedió. Incluso un día antes de el día que se suponía que salíamos para allá seguíamos tratando de encontrar formas de hacerlo, pero no se pudo. Pésima época para querer ir. Ahora de que se podía se podía, pero el presupuesto no lo permitía. Así que la ruta y las paradas cambiaron mucho en el camino mismo. (Creo que voy a dejar de contar, las conclusiones son varias y aleatorias, en realidad las estoy mencionando conforme se me van ocurriendo, así que no creo que sea necesario utilizar ordinales). Por otro lado, hoy en día es tremendamente difícil descubrir o vivir la esencia pura de los pueblos por los que pasa uno. Intentamos, más de una vez, encontrar algún restaurante local para desayunar, comer o cenar. Cada vez es más difícil, todo esta invadido por cadenas de restaurantes que ya todos conocemos. Más de una vez nos salimos de la ruta un poco más para poder encontrar algo, y más de una vez terminamos en subway porque no encontrábamos nada, o si encontrábamos estaba cerrado. Es algo muy triste. Un dato importante es que un viaje como estos puede durar una eternidad: invariablemente a lo largo del camino te enteras de lugares de los que no sabías, y por supuesto, te mueres por ir una vez que descubres que existen. Y es muy difícil dejarlos ir, pero entre más se alarga el viaje más difícil es seguir. Como ya había mencionado antes el cansancio se acumula, y uno ya no disfruta igual.
Un dato curioso que aprendí (siendo de la Ciudad de México en donde el clima en realidad varía muy poco) es que las temperaturas bajo cero en un día soleado en el desierto son una delicia y que las temperaturas arriba de cero, pero cerca de cero, en un lugar húmedo y con viento, te vuelven paleta. Moraleja: no hay que subestimar lo que dice el termómetro, pero siempre haya que estar preparado para lo que sea.
No quisiera alargarme mucho, así que sólo me queda decir que la compañía en un viaje como este lo es todo. Estoy inmensamente agradecida por haber tenido tan extraordinaria compañía en este recorrido, sobretodo por aguantarme de tan extraordinaria manera, porque yo... soy un caso especial.
Se me ocurrió que como lo que sigue en el proceso es muy distinto al camino ya recorrido, podría escribir un último blog del camino con las moralejas de la carretera. Espero las disfruten y les sirvan en algún momento.
Primero que nada no importa cuán listo cree estar uno para salir, siempre salen improvistos en el último momento, y a veces no queda más que decir "ni modo". De hecho estoy casi segura que siempre habrá que decirlo. Segundo, no importa si creemos que somos buenísimos empacando y que ya nos deshicimos de todo lo innecesario: siempre va a haber más cosas que tirar y mil intentos para reorganizar. Tercero, facilita mucho las cosas no tener un plan. Sé que no siempre se puede, hay restricciones de tiempo, de presupuesto...climatológicas, pero todo está sujeto a cambios. Yo, que no soy necia, insistía en ir a Yellowstone en este viaje. Me muero de ganas de ir y desde que salimos ese era el plan, pero no sucedió. Incluso un día antes de el día que se suponía que salíamos para allá seguíamos tratando de encontrar formas de hacerlo, pero no se pudo. Pésima época para querer ir. Ahora de que se podía se podía, pero el presupuesto no lo permitía. Así que la ruta y las paradas cambiaron mucho en el camino mismo. (Creo que voy a dejar de contar, las conclusiones son varias y aleatorias, en realidad las estoy mencionando conforme se me van ocurriendo, así que no creo que sea necesario utilizar ordinales). Por otro lado, hoy en día es tremendamente difícil descubrir o vivir la esencia pura de los pueblos por los que pasa uno. Intentamos, más de una vez, encontrar algún restaurante local para desayunar, comer o cenar. Cada vez es más difícil, todo esta invadido por cadenas de restaurantes que ya todos conocemos. Más de una vez nos salimos de la ruta un poco más para poder encontrar algo, y más de una vez terminamos en subway porque no encontrábamos nada, o si encontrábamos estaba cerrado. Es algo muy triste. Un dato importante es que un viaje como estos puede durar una eternidad: invariablemente a lo largo del camino te enteras de lugares de los que no sabías, y por supuesto, te mueres por ir una vez que descubres que existen. Y es muy difícil dejarlos ir, pero entre más se alarga el viaje más difícil es seguir. Como ya había mencionado antes el cansancio se acumula, y uno ya no disfruta igual.
Un dato curioso que aprendí (siendo de la Ciudad de México en donde el clima en realidad varía muy poco) es que las temperaturas bajo cero en un día soleado en el desierto son una delicia y que las temperaturas arriba de cero, pero cerca de cero, en un lugar húmedo y con viento, te vuelven paleta. Moraleja: no hay que subestimar lo que dice el termómetro, pero siempre haya que estar preparado para lo que sea.
No quisiera alargarme mucho, así que sólo me queda decir que la compañía en un viaje como este lo es todo. Estoy inmensamente agradecida por haber tenido tan extraordinaria compañía en este recorrido, sobretodo por aguantarme de tan extraordinaria manera, porque yo... soy un caso especial.
Tuesday, December 24, 2013
Edición especial
Me asomo por la ventana y veo el cielo azul y las ramas de los árboles sin hojas. Es invierno, aunque en donde estoy no hay tanta nieve para confirmarlo. Hace frío, pero el día está hermoso. Al igual que en los últimos tres años, ésta es una Navidad distinta. Hace muchos años que mis Navidades se volvieron un poco distintas a lo que siempre había sido tan familiar. Creo que mucho tiene que ver con el camino que estoy recorriendo hacia lo que quiero que sea mi destino. Muchas razones llenan estas épocas de nostalgia. Creo que en el fondo nunca he dejado de ser esa niña llena de ilusiones de mis años de infancia; aún así, por alguna razón, estos días mi esperanza crece mucho más.
Independientemente del circo que sea han vuelto estas fechas en el mundo, en donde ya nadie sabe en realidad por qué hacemos lo que hacemos, creo que es un muy buen momento para reflexionar. En realidad creo que cualquier momento es bueno para reflexionar: junio es tan buen momento como diciembre. Sin embargo creo que hoy los hombres necesitan de recordatorios para salirse de su rutina y hacerlo. Esta época es una de las oportunidades, uno de los más grandes recordatorios. La idea es hacer una reflexión profunda, y no hacerlo sólo por un instante que terminará tan pronto acabe la cena. Hay muchas circunstancias y situaciones que afectan nuestras acciones y sentimientos, pero ¿cómo hemos reaccionado ante estas? Tal vez en el momento que nos toman por sorpresa, no de la mejor manera, pero siempre hay oportunidades para retomar el camino. Creo que la idea principal es ser nosotros mismos y aceptar a las personas de nuestro alrededor como son. Aceptarlas con amor para convivir en paz. Esto es un ejercicio constante, no temporal. Por otro lado debemos reconocer la responsabilidad de nuestras acciones, aprender lo que nos toca y seguir hacia donde decidamos, aceptando siempre que no estamos solos y que independientemente de los problemas que pueda haber con nuestros seres más cercanos, gracias a ellos somos. Intentemos cambiar las malas costumbres y las dinámicas poco sanas. Intentemos ser una verdadera familia, estemos donde estemos.
Sólo es una pequeña reflexión que quería compartir con ustedes. De todo corazón les deseo mucho amor y felicidad. ¡Feliz Navidad!
Independientemente del circo que sea han vuelto estas fechas en el mundo, en donde ya nadie sabe en realidad por qué hacemos lo que hacemos, creo que es un muy buen momento para reflexionar. En realidad creo que cualquier momento es bueno para reflexionar: junio es tan buen momento como diciembre. Sin embargo creo que hoy los hombres necesitan de recordatorios para salirse de su rutina y hacerlo. Esta época es una de las oportunidades, uno de los más grandes recordatorios. La idea es hacer una reflexión profunda, y no hacerlo sólo por un instante que terminará tan pronto acabe la cena. Hay muchas circunstancias y situaciones que afectan nuestras acciones y sentimientos, pero ¿cómo hemos reaccionado ante estas? Tal vez en el momento que nos toman por sorpresa, no de la mejor manera, pero siempre hay oportunidades para retomar el camino. Creo que la idea principal es ser nosotros mismos y aceptar a las personas de nuestro alrededor como son. Aceptarlas con amor para convivir en paz. Esto es un ejercicio constante, no temporal. Por otro lado debemos reconocer la responsabilidad de nuestras acciones, aprender lo que nos toca y seguir hacia donde decidamos, aceptando siempre que no estamos solos y que independientemente de los problemas que pueda haber con nuestros seres más cercanos, gracias a ellos somos. Intentemos cambiar las malas costumbres y las dinámicas poco sanas. Intentemos ser una verdadera familia, estemos donde estemos.
Sólo es una pequeña reflexión que quería compartir con ustedes. De todo corazón les deseo mucho amor y felicidad. ¡Feliz Navidad!
Sunday, December 22, 2013
One in One Thousand
After the wonderful opportunity of meeting with a good friend, we decided to get as closer as possible to Chicago. We slept in a town called Rockford in a strange hotel where if you wanted shampoo or an alarm clock you had to ask for them. Check-out was even later than any of the other hotels and we thought it would be a great idea to take advantage of it. So we left the hotel around noon to "have breakfast." I wanted to visit a friend in Chicago and that was the plan. Except for the fact that traffic didn't let us. It's funny, after spending so much time in the middle of nowhere, you get to the city and you feel relieved to be back to "civilization" (yes, we are spoiled and we are used to having everything at hand.) But "civilization" includes situations that take us by surprise. Some work was being done in one of the roads and it took us two hours to go through a stretch that would have normally taken 20 minutes. It was already very late. My friend told us that if we went to see her, it was going to take us even more time trying to get out of the city. So we decided not to go see her, with the hope that we'll get to see her soon somewhere else. I am not really sure whether it was a good decision or not. The only thing I know is that it took us five hours to go through Chicago. It would have normally taken us two or three hours at the most.
After having spent so much time in the car without getting anywhere, we decided to drive as far as possible that night. But wind was blowing really hard and we found yet another traffic jam due to a turned car on the road. We thought it would be a better idea to stop and have dinner and wait for traffic to ease. But after dinner traffic was still bad and, according to google, even worse. So we decided to take an alternate route to save us the traffic and we made it. We drove as much as we could and we made it to Richmond a city close to the Indiana/Ohio border. We were really tired and the hotel wasn't great. However we started unloading the car. Those who know me are by now already wondering how come I have made it this far without an injury. Well, you are right. I couldn't finish this trip without one. I am almost completely sure that it is all about genetics. My dad was a bit clumsy. He was always hitting his head. A trunk, a cabinet, and a door would always get in his way. Thus I am clumsy. But my weak point are my knees. They always find their way interrupted by a table, a desk and a step. It was early morning and there was not enough light in the parking lot. As the practical woman that I am, I have my hands, arms and shoulders full of stuff, so that I didn't have to go to the car that many times. Of course the parking lot was a little bit covered by ice and snow, and there was an area covered by ice exactly where I decided to step on. I did and slipped. But of course I was not going to let any of the things I was holding (my dictionary that I consider a bible, a box with some belongings of my dad, among other things) fall, so I landed on my knees. It really hurt, but I took a deep breath, got up and got on. It wasn't really a big deal. I just have a little bruise on my left knee and a small area with no skin on my right one. However at that time, after a day like this, this event can really kill your patience. But it was only one not so bad day in one thousand great ones.
We slept some hours and tired to leave at a good time to make it to Philadelphia, first destination of this trip. There were no big events that day and we were safe and sound in Ben's Parent's house where we had a really wonderful dinner.
After having spent so much time in the car without getting anywhere, we decided to drive as far as possible that night. But wind was blowing really hard and we found yet another traffic jam due to a turned car on the road. We thought it would be a better idea to stop and have dinner and wait for traffic to ease. But after dinner traffic was still bad and, according to google, even worse. So we decided to take an alternate route to save us the traffic and we made it. We drove as much as we could and we made it to Richmond a city close to the Indiana/Ohio border. We were really tired and the hotel wasn't great. However we started unloading the car. Those who know me are by now already wondering how come I have made it this far without an injury. Well, you are right. I couldn't finish this trip without one. I am almost completely sure that it is all about genetics. My dad was a bit clumsy. He was always hitting his head. A trunk, a cabinet, and a door would always get in his way. Thus I am clumsy. But my weak point are my knees. They always find their way interrupted by a table, a desk and a step. It was early morning and there was not enough light in the parking lot. As the practical woman that I am, I have my hands, arms and shoulders full of stuff, so that I didn't have to go to the car that many times. Of course the parking lot was a little bit covered by ice and snow, and there was an area covered by ice exactly where I decided to step on. I did and slipped. But of course I was not going to let any of the things I was holding (my dictionary that I consider a bible, a box with some belongings of my dad, among other things) fall, so I landed on my knees. It really hurt, but I took a deep breath, got up and got on. It wasn't really a big deal. I just have a little bruise on my left knee and a small area with no skin on my right one. However at that time, after a day like this, this event can really kill your patience. But it was only one not so bad day in one thousand great ones.
We slept some hours and tired to leave at a good time to make it to Philadelphia, first destination of this trip. There were no big events that day and we were safe and sound in Ben's Parent's house where we had a really wonderful dinner.
Friday, December 20, 2013
Uno entre mil
Después de la maravillosa oportunidad de coincidir decidimos acercarnos lo más posible a Chicago. Dormimos en un lugar llamado Rockford en un hotel bastante extraño en el que sólo te daban shampoo y despertador si lo pedías. La hora de salida del hotel era aún más tarde que la de cualquiera de los anteriores y se nos ocurrió que era muy buena idea aprovecharla. Así que salimos del hotel a medio día para "desayunar". Tuve la intención de visitar a una amiga que vive en Chicago y, hasta después de desayunar, ese era el plan. Pero no contábamos con la astucia del tráfico de la ciudad. Es curioso, después de pasar tanto tiempo en medio de la nada, llega uno a la ciudad y se siente bien de estar de nuevo en la "civilización" (sí, estamos muy mal acostumbrados y muy consentidos). Pero esto de la "civilización" trae consigo elementos que nos toman por sorpresa. Estaban arreglando una de las carreteras y nos tardamos dos horas en recorrer un tramo que en teoría nos debió tomar veinte minutos. Ya era bastante tarde. Mi amiga me dijo que si íbamos a verla nos iba a tocar mucho más tráfico al tratar de salir de la ciudad, así que decidimos no ir a verla, con la esperanza de verla pronto en otro lugar. La verdad es que no tengo idea si fue una buena decisión o no, lo que sí sé es que nos tardamos cinco horas en cruzar Chicago, y por si alguien tiene la duda: no, no es una ciudad tan grande, ese tramo normalmente lo hubiéramos hecho en 2 horas, máximo 3, en total.
Después de tanto tiempo en el coche decidimos avanzar lo más que pudiéramos, pero el viento estaba soplando muy fuerte y nos encontramos con otro atorón de tráfico porque se había volteado un carro. Decidimos ir a cenar antes de estar sentados en el coche sin avanzar. Al terminar de cenar el atorón seguía, y peor, según google. Así que decidimos tomar una ruta alterna para ahorrarnos las horas de tráfico, y lo logramos. Manejamos hasta que no pudimos más y llegamos de madrugada a Richmond, una ciudad cerca de la frontera entre Indiana y Ohio. Estábamos muertos y no tuvimos mucha suerte con el hotel otra vez. En fin, empezamos a bajar las cosas del coche, y los que me conocen se estarán preguntando ¿cómo es que ha pasado tanto tiempo sin que me pase algo? Pues efectivamente, no podía terminar este viaje ilesa. Estoy terminando de convencerme de que es una cosa genética. Mi papá era algo torpe, siempre se daba golpes en el coco: se le atravesaba frecuentemente una cajuela, un librero, puerta... etc. Por consecuencia yo soy torpe, pero mi punto débil son las rodillas: se me atraviesan frecuentemente las mesas, escritorios, escalones....etc. Era de madrugada y no había mucha luz en el estacionamiento. Como buena mujer práctica puse en mis manos, brazos y hombros todo lo que pude para dar menos vueltas al coche. Por supuesto había un poco de nieve y hielo en el camino y no vi un pedazo de hielo que estaba en un escalón justo donde se me ocurrió poner el pie. Pisé, me resbalé y como antes raspada que soltar lo que traía en las manos (mi diccionario sin el que no puedo vivir, una caja con recuerdos de mi papá, entre otras cosas) caí con todo el peso sobre las rodillas. No quiero contarles lo que me dolió, pero igual respiré, me levante y continué mi camino para terminar de descargar lo necesario. En realidad no pasó a mayores, solo tengo un rasponcito en la rodilla derecha y un moretoncito en la izquierda. Pero a esas horas de la madrugada, después de un día tan largo... bueno termina de acabar con tu paciencia. Pero fue un día no tan bueno entre mil muy buenos.
Dormimos unas horas y tratamos de salir a buena hora para llegar a Philadelphia, primer destino de este viaje. Este día pasó sin mayores acontecimientos y llegamos sanos y salvos a casa de los papás de Ben que nos recibieron con una deliciosa cena.
Después de tanto tiempo en el coche decidimos avanzar lo más que pudiéramos, pero el viento estaba soplando muy fuerte y nos encontramos con otro atorón de tráfico porque se había volteado un carro. Decidimos ir a cenar antes de estar sentados en el coche sin avanzar. Al terminar de cenar el atorón seguía, y peor, según google. Así que decidimos tomar una ruta alterna para ahorrarnos las horas de tráfico, y lo logramos. Manejamos hasta que no pudimos más y llegamos de madrugada a Richmond, una ciudad cerca de la frontera entre Indiana y Ohio. Estábamos muertos y no tuvimos mucha suerte con el hotel otra vez. En fin, empezamos a bajar las cosas del coche, y los que me conocen se estarán preguntando ¿cómo es que ha pasado tanto tiempo sin que me pase algo? Pues efectivamente, no podía terminar este viaje ilesa. Estoy terminando de convencerme de que es una cosa genética. Mi papá era algo torpe, siempre se daba golpes en el coco: se le atravesaba frecuentemente una cajuela, un librero, puerta... etc. Por consecuencia yo soy torpe, pero mi punto débil son las rodillas: se me atraviesan frecuentemente las mesas, escritorios, escalones....etc. Era de madrugada y no había mucha luz en el estacionamiento. Como buena mujer práctica puse en mis manos, brazos y hombros todo lo que pude para dar menos vueltas al coche. Por supuesto había un poco de nieve y hielo en el camino y no vi un pedazo de hielo que estaba en un escalón justo donde se me ocurrió poner el pie. Pisé, me resbalé y como antes raspada que soltar lo que traía en las manos (mi diccionario sin el que no puedo vivir, una caja con recuerdos de mi papá, entre otras cosas) caí con todo el peso sobre las rodillas. No quiero contarles lo que me dolió, pero igual respiré, me levante y continué mi camino para terminar de descargar lo necesario. En realidad no pasó a mayores, solo tengo un rasponcito en la rodilla derecha y un moretoncito en la izquierda. Pero a esas horas de la madrugada, después de un día tan largo... bueno termina de acabar con tu paciencia. Pero fue un día no tan bueno entre mil muy buenos.
Dormimos unas horas y tratamos de salir a buena hora para llegar a Philadelphia, primer destino de este viaje. Este día pasó sin mayores acontecimientos y llegamos sanos y salvos a casa de los papás de Ben que nos recibieron con una deliciosa cena.
When You Happen to Meet
The amount of time that it takes you to leave every morning is inversely proportional to the amount of days that you have been on the road. I suppose this makes sense because fatigue builds up. Sleeping on a different bed every night to then spend the entire day in a car with your legs bent (because when you are as long as I am in a car full of things, there is no way you can stretch your legs) is a lot more tiring that it sounds. Anyways, we thought we woke up early to lave Cheyenne, Wyoming early. We had breakfast and left.
The idea was to make it to Mount Rushmore during the day at a decent hour, but we managed not to. It was actually farther away than we thought and driving with 50+ mph winds pushing the car the entire way slows things down. Actually Wyoming, or at least the part of it that we saw, is absolutely boring. Yet I was fascinated by the landscape and by the fact that along the high plateaus you find a lot of ranches surrounded by nothingness. We drove through towns the population of which varied from one thousand to five thousand inhabitants. However we wondered more than once where this five thousand inhabitants were, since it is physically impossible for all of them to live in the only barn that was seen from the road.There was another very interesting thing in the roads of Wyoming: a sign that read "roadside table" followed by an actually roadside table. The only one we saw on the entire trip. Once we got to South Dakota the scenery started to change a little. All of a sudden we were surrounded by trees and we were in Black Hills National Forest. It was around 3 pm and we were starving, the problem was that if we stopped to eat we were not going to be able to see Mount Rushmore in the daylight. So we stopped at a fast-food restaurant and kept on (anyways we didn't have much option in the sole town before the monument.) We got there at approximately quarter to four. It was completely empty, so empty that we were wondering if it was open when we saw a sign that read "yes, we are open." I hadn't really seen many pictures of this monument and I was astonished. It was absolutely worth it to get a little bit out of the way to see it. It was really cold, so we took some pictures and a went into the museum. It is one of the most interesting things I've ever seen. We left and continued our way to Mitchell, South Dakota.
Admitting the fact that we were not going to be able to leave early, we took our time in the morning, just making sure to leave the hotel by check-out time. We spent the whole Tuesday on the road. We crossed three states without any interesting events. Except for two. We got to see the full moon setting in the horizon, with all its greatness and light. It had a beautiful orange color, and it was really big. While it was setting, there were some parts of the road that seemed to lead to it. It is one of the most beautiful things I got to see. Once again, the moon was our true companion in the trip. And the other event is that we got to have dinner with a dear friend in Madison, Wisconsin. After having spent so much time on the road, it fills your heart with happiness to be able to meet with people you care about, have a good time and good food. It never stops amazing me, when you happen to meet.
Wednesday, December 18, 2013
Coincidir
La agilidad para salir en las mañanas es inversamente proporcional a la cantidad de días que uno lleva viajando en carretera. Supongo que es algo lógico porque el cansancio se acumula. Dormir en un lugar distinto cada noche para después pasar el día eterno sentado en un coche con las piernas dobladas (ya que cuando el coche viene a reventar de cosas y una es larga, es imposible estirar las piernas), es más cansado de lo que suena. Bueno, según nosotros, nos despertamos temprano para salir temprano de Cheyenne, Wyoming. Desayunamos y salimos.
La idea era llegar a Mount Rushmore a buena hora, pero por alguna razón la hora no fue tan buena. En realidad estaba más lejos de lo que pensamos y viajar con vientos de más de 50 millas por hora empujando el coche todo el camino hace que el viaje sea un poco más lento. En realidad Wyoming, o por lo menos la parte por la que pasamos, es tremendamente aburrido. Aún así yo estaba fascinada con el paisaje y con el hecho de que a lo largo de los altiplanos te encuentras ranchos rodeados de nada. Pasamos por pueblos cuya población variaba de dos mil a cinco mil habitantes, sólo que nos preguntamos más de una vez dónde estaban esos cinco mil habitantes, porque es físicamente imposible que todos se encuentren en el único granero que se llegaba a ver desde la carretera. Hubo otro dato muy interesante en el tramo de Wyoming: un señalamiento que indicaba que había una mesa al lado de la carretera, y por supuesto unos metros más adelante ahí estaba la mesa al lado de la carretera. No me pude detener para documentarlo con fotos porque reaccioné tarde, pero fue la única mesa al lado de la carretera que he visto en todo el camino. Al cruzar la frontera con Dakota del Sur el paisaje empezó a cambiar un poco, de la nada aparecieron árboles y nos adentramos en el Bosque Nacional Black Hills. Como a las tres de la tarde moríamos de hambre, pero si nos deteníamos a comer no íbamos a poder a ver las esculturas de los presidentes con la luz del día, así que paramos en un restaurant de comida rápida a comprar unos sandwiches y seguimos (igual no había ninguna otra opción en el único pueblo antes del monumento). Llegamos a Mount Rushmore a aproximadamente cuarto para las cuatro. Estaba totalmente vacío, tanto que nos preguntamos si estaba abierto cuando nos encontramos un letrero que decía "sí, está abierto". Yo no había visto muchas imágenes de este monumento, pero quedé fascinada. Valió toda la pena desviarnos un poco para visitarlo. Hacía muchísimo frío, así que tomamos unas fotos y entramos al museo. Es de las cosas más interesantes que he visto en mi vida. Salimos y seguimos camino hasta llegar a Mitchell, Dakota del Sur.
Aceptando el hecho de que temprano ya no vamos a lograr salir, nos tomamos el tiempo y sólo nos aseguramos de no pasarnos de la hora para dejar el cuarto. Ayer todo el camino fue de carretera, cruzando tres estados, sin mayores eventos. Excepto por dos. Nos tocó ver salir la luna llena desde el horizonte, con toda su inmensidad y luz, de un naranja hermoso. Había partes de la carretera mientras salía que parecía que el camino llevaba hasta ella. De los espectáculos más hermosos que me ha tocado ver. Una vez más, la luna ha sido nuestra fiel compañera en este viaje. Y el otro es que logramos cenar con un buen amigo en Madison, Wisconsin. Después de pasar tanto tiempo en la carretera, da una inmensa alegría encontrarte con gente querida para pasar un buen rato y disfrutar de una buena cena. No deja de impresionarme que podamos coincidir así.
La idea era llegar a Mount Rushmore a buena hora, pero por alguna razón la hora no fue tan buena. En realidad estaba más lejos de lo que pensamos y viajar con vientos de más de 50 millas por hora empujando el coche todo el camino hace que el viaje sea un poco más lento. En realidad Wyoming, o por lo menos la parte por la que pasamos, es tremendamente aburrido. Aún así yo estaba fascinada con el paisaje y con el hecho de que a lo largo de los altiplanos te encuentras ranchos rodeados de nada. Pasamos por pueblos cuya población variaba de dos mil a cinco mil habitantes, sólo que nos preguntamos más de una vez dónde estaban esos cinco mil habitantes, porque es físicamente imposible que todos se encuentren en el único granero que se llegaba a ver desde la carretera. Hubo otro dato muy interesante en el tramo de Wyoming: un señalamiento que indicaba que había una mesa al lado de la carretera, y por supuesto unos metros más adelante ahí estaba la mesa al lado de la carretera. No me pude detener para documentarlo con fotos porque reaccioné tarde, pero fue la única mesa al lado de la carretera que he visto en todo el camino. Al cruzar la frontera con Dakota del Sur el paisaje empezó a cambiar un poco, de la nada aparecieron árboles y nos adentramos en el Bosque Nacional Black Hills. Como a las tres de la tarde moríamos de hambre, pero si nos deteníamos a comer no íbamos a poder a ver las esculturas de los presidentes con la luz del día, así que paramos en un restaurant de comida rápida a comprar unos sandwiches y seguimos (igual no había ninguna otra opción en el único pueblo antes del monumento). Llegamos a Mount Rushmore a aproximadamente cuarto para las cuatro. Estaba totalmente vacío, tanto que nos preguntamos si estaba abierto cuando nos encontramos un letrero que decía "sí, está abierto". Yo no había visto muchas imágenes de este monumento, pero quedé fascinada. Valió toda la pena desviarnos un poco para visitarlo. Hacía muchísimo frío, así que tomamos unas fotos y entramos al museo. Es de las cosas más interesantes que he visto en mi vida. Salimos y seguimos camino hasta llegar a Mitchell, Dakota del Sur.
Aceptando el hecho de que temprano ya no vamos a lograr salir, nos tomamos el tiempo y sólo nos aseguramos de no pasarnos de la hora para dejar el cuarto. Ayer todo el camino fue de carretera, cruzando tres estados, sin mayores eventos. Excepto por dos. Nos tocó ver salir la luna llena desde el horizonte, con toda su inmensidad y luz, de un naranja hermoso. Había partes de la carretera mientras salía que parecía que el camino llevaba hasta ella. De los espectáculos más hermosos que me ha tocado ver. Una vez más, la luna ha sido nuestra fiel compañera en este viaje. Y el otro es que logramos cenar con un buen amigo en Madison, Wisconsin. Después de pasar tanto tiempo en la carretera, da una inmensa alegría encontrarte con gente querida para pasar un buen rato y disfrutar de una buena cena. No deja de impresionarme que podamos coincidir así.
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