Thursday, December 26, 2013

El primer tramo ha llegado a su fin

Este es un proceso bastante largo; en realidad el proceso no termina hasta que se me acabe la vida, todo en el inter sólo son etapas, tramos o como le quieran llamar. Pero esta etapa del proceso tiene varias mini etapas. La primera era empacar mis "pocas" pertenencias y manejar a lo largo del país para llegar al primer destino. Es la segunda vez que hago un viaje así y no dejo de aprender. En realidad creo que es un ejercicio excelente, y si alguna vez tienen la oportunidad de hacerlo, se los recomiendo enormemente. Sé muy bien que no es fácil, pero intentar hacer un poco de tu historia en un lugar distinto es refrescante; además el proceso te obliga a aprender y a crecer.

Se me ocurrió que como lo que sigue en el proceso es muy distinto al camino ya recorrido, podría escribir un último blog del camino con las moralejas de la carretera. Espero las disfruten y les sirvan en algún momento.

Primero que nada no importa cuán listo cree estar uno para salir, siempre salen improvistos en el último momento, y a veces no queda más que decir "ni modo". De hecho estoy casi segura que siempre habrá que decirlo. Segundo, no importa si creemos que somos buenísimos empacando y que ya nos deshicimos de todo lo innecesario: siempre va a haber más cosas que tirar y mil intentos para reorganizar. Tercero, facilita mucho las cosas no tener un plan. Sé que no siempre se puede, hay restricciones de tiempo, de presupuesto...climatológicas, pero todo está sujeto a cambios. Yo, que no soy necia, insistía en ir a Yellowstone en este viaje. Me muero de ganas de ir y desde que salimos ese era el plan, pero no sucedió. Incluso un día antes de el día que se suponía que salíamos para allá seguíamos tratando de encontrar formas de hacerlo, pero no se pudo. Pésima época para querer ir. Ahora de que se podía se podía, pero el presupuesto no lo permitía. Así que la ruta y las paradas cambiaron mucho en el camino mismo. (Creo que voy a dejar de contar, las conclusiones son varias y aleatorias, en realidad las estoy mencionando conforme se me van ocurriendo, así que no creo que sea necesario utilizar ordinales). Por otro lado, hoy en día es tremendamente difícil descubrir o vivir la esencia pura de los pueblos por los que pasa uno. Intentamos, más de una vez, encontrar algún restaurante local para desayunar, comer o cenar. Cada vez es más difícil, todo esta invadido por cadenas de restaurantes que ya todos conocemos. Más de una vez nos salimos de la ruta un poco más para poder encontrar algo, y más de una vez terminamos en subway porque no encontrábamos nada, o si encontrábamos estaba cerrado. Es algo muy triste. Un dato importante es que un viaje como estos puede durar una eternidad: invariablemente a lo largo del camino te enteras de lugares de los que no sabías, y por supuesto, te mueres por ir una vez que descubres que existen. Y es muy difícil dejarlos ir, pero entre más se alarga el viaje más difícil es seguir. Como ya había mencionado antes el cansancio se acumula, y uno ya no disfruta igual.

Un dato curioso que aprendí (siendo de la Ciudad de México en donde el clima en realidad varía muy poco) es que las temperaturas bajo cero en un día soleado en el desierto son una delicia y que las temperaturas arriba de cero, pero cerca de cero, en un lugar húmedo y con viento, te vuelven paleta. Moraleja: no hay que subestimar lo que dice el termómetro, pero siempre haya que estar preparado para lo que sea.

No quisiera alargarme mucho, así que sólo me queda decir que la compañía en un viaje como este lo es todo. Estoy inmensamente agradecida por haber tenido tan extraordinaria compañía en este recorrido, sobretodo por aguantarme de tan extraordinaria manera, porque yo... soy un caso especial.








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